“La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte”
– Empezamos hoy miércoles, llamado de Ceniza, la Iglesia, dando comienzo el tiempo de Cuaresma, tiempo litúrgico fuerte, cuarenta días de camino hacia la Pascua de Cristo, nuestra Pascua. Queremos, con la ayuda del Espíritu Santo, que sea un tiempo de gracia. Un tiempo de conversión, es decir, de rejuvenecimiento. Un tiempo para crecer, para ser y para amar (tiempo de ayuno y penitencia, tiempo de arrepentimiento y reflexión).
– La Cuaresma, es un tiempo de ayuno y penitencia instituido por la Iglesia, para darnos a entender la obligación que tenemos todo cristiano de hacer penitencia todo el tiempo de nuestra vida, de la cual, según los Santos Padres, es figura; para imitar, en alguna manera, el riguroso ayuno de cuarenta días que Jesucristo practicó en el desierto; y para prepararnos, por medio de la penitencia, a celebrar santamente la Pascua. La Iglesia nos manda también darnos a la oración y hacer limosnas y otras obras de piedad con el prójimo.
– La imposición de la ceniza es símbolo de abrirse a la misericordia divina (purificar el corazón, dar valor a lo que vale y entrar dentro de nosotros mismos). La ceniza se convierte para nosotros al mismo tiempo en un motivo de esperanza y superación. La Cuaresma es un camino, y las cenizas sobre nuestras cabezas son el inicio de ese camino. El momento en el cual cada uno de nosotros, empieza a entrar en su corazón y comienza a caminar hacia la Pascua, el encuentro pleno con Cristo. Este es el sentido de la ceniza en la cabeza; no es un rito mágico, una costumbre o una tradición.
– Estas cenizas se elaboran a partir de la quema de los ramos del Domingo de Ramos del año anterior, y son bendecidas y colocadas sobre la cabeza o la frente de los fieles, como signo de la caducidad de la condición humana. Mientras lo hace repite las palabras el sacerdote: “Recuerda que polvo eres y en polvo te has de convertir”. La ceniza representa la destrucción de los errores del año anterior al ser éstos quemados.
“La Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor –que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador– nos muestra el camino a seguir” (Mensaje del Santo Padre Francisco, para la Cuaresma 2017).
